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El nuevo dividendo silencioso

  • Foto del escritor: Alexander Chest
    Alexander Chest
  • hace 16 horas
  • 2 min de lectura

Durante años, el gran fantasma financiero de quienes viven en departamentos fue el dividendo hipotecario o el arriendo. Hoy se les suma un tercer actor que crece casi sin control: el gasto común.





Fuente: Portal Innova

Fecha: 21.07.2026






Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB
Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB



La pregunta es: ¿a qué se debe el fuerte incremento de los gastos comunes? No hay una sola causa, sino que son varias presiones que explican esta alza. Servicios básicos como la electricidad, agua y recolección de residuos han mostrado incrementos sostenidos en el último tiempo y se pueden anticipar nuevos incrementos como las tarifas eléctricas. A esto hay que sumar las alzas en el salario mínimo, junto con la disminución de la jornada laboral, que encarecen la mano de obra, como es el caso de conserjes y mantención. Además, los condominios cuentan con muchos contratos externalizados, entre ellos, los servicios de administración y mantención de ascensores, que están indexados al IPC, por lo que la inflación se traspasa de forma automática al bolsillo del copropietario.


A todo lo anterior se deben agregar factores logísticos que permiten explican por qué estas alzas pueden ser más graves en regiones extremas, donde trasladar insumos y contratar proveedores es más costoso.


El resultado es preocupante, ya que los gastos comunes -que deberían ser predecibles- se han vuelto una variable que erosiona el presupuesto de las familias, de forma muy similar a un crédito hipotecario. Para el arrendatario, el gasto común ya no es un detalle del contrato, sino un segundo pago que puede crecer sin aviso ni techo. Para el propietario que compró pensando en el dividendo como su único compromiso mensual, la sorpresa es doble.


Existen varias medidas que las comunidades pueden adoptar para contener o reducir estos gastos. Entre ellas, destaca la necesidad de una mayor transparencia por parte de las administraciones, así como la elaboración anual de proyecciones de gasto común -tal como lo haría cualquier organización-, en lugar de limitarse a la tradicional liquidación mensual. Esto permitiría a los copropietarios planificar sus finanzas con mayor anticipación.


Otra medida es revisar y realizar licitaciones de forma periódica en los contratos de mantención, tratando de evitar la renovación automática de proveedores cuyos precios pueden ser superiores a los competidores directos. A pesar de que existen los comités de administración, estos deben realmente fiscalizar a los responsables de la administración y no ser un mero grupo constituido por obligación.


Finalmente, se podría pensar en la creación de algunos mecanismos regulatorios que sean incorporados en la ley de copropiedad y que norme o establezca máximos o formas de revisión externa, muy parecidos a los que existen para otros cobros regulados. Mientras no se mejore el mecanismo, siempre será responsabilidad de cada comunidad anticipar gastos, ser más eficientes en los servicios comunes, trasparentar la gestión y, de esta manera, contener los gastos, aliviando así una presión a los arrendatarios y propietarios. (Gonzalo Escobar)

 
 
 
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