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La reconversión silenciosa de Santiago Centro

Foto del escritor: Alexander Chest
Alexander Chest
hace 11 minutos
7 min de lectura

También se ha notado un aumento en el turismo.





Fuente: El Mercurio

Fecha: 27.09.2026






Cerca de US$ 160 millones es la inversión de NIDO Lucía, que incluye un edificio principal de 17 pisos. Busca integrar innovación y cultura.
Cerca de US$ 160 millones es la inversión de NIDO Lucía, que incluye un edificio principal de 17 pisos. Busca integrar innovación y cultura.


 

 

Las zonas que fueron el corazón financiero de la capital, que sufrieron con el estallido de 2019 y se vaciaron durante la pandemia, viven una transformación: donde antes había oficinas corporativas, hoy se levantan departamentos, hoteles, mercados gastronómicos y espacios culturales.

 

Andrea atiende desde mayo una tienda de souvenirs chilenos en el barrio París-Londres. Su jefe la abrió porque notó que no existía nada así en la zona. Un lugar donde los extranjeros pudieran llevar un recuerdo de Chile.

 

“Hemos tenido una muy buena temporada”, cuenta mientras atiende a unos turistas que vitrinean entre banderas y artesanías. “Nos ha ido muy bien con la recepción de los vecinos, los hoteles del barrio y los extranjeros”, dice.

 

Para la vendedora “se nota la reactivación. Hay más gente, más seguridad, las personas se han reencantado con el lugar. Vienen chilenos, vienen influencers, se han vuelto a abrir cafés y lugares para comer. Siento que llegamos en un buen momento”.

 

Las paredes con rayados y el persistente olor a orina que hace uso años permeaban al barrio son cosas del pasado. Es notorio el cambio con sus muros pintados y limpios, nuevos locales y obras de arte en veredas.

 

El mapa de Santiago Centro se redibuja también con la reconversión de un distrito de oficinas en una zona que, junto con mantener esos fines, combina usos residenciales, turísticos y culturales con su función de centro cívico.

 

El fenómeno no es solo chileno, “Esto es algo que se ve en el hemisferio norte de manera muy marcada”, plantea Julio Nazar, urbanista y académico de la U. del Desarrollo, y dice que “la pandemia significó una movilidad de centros de negocios a áreas más cercanas a zonas residenciales y está afectando a centros históricos en todo el mundo”.

 

Los que vuelven al corazón de la ciudad

 

Santiago Centro es el kilómetro cero del país. En un radio de pocas cuadras se concentran La Moneda; el ex Congreso Nacional; la Contraloría General de la República y los tribunales.

 

También es un polo cultural tradicional. El Teatro Municipal de Santiago, ubicado en Agustinas e inaugurado en 1857, sigue siendo el principal escenario de ópera y ballet del país. La Biblioteca Nacional, en la alameda con Mac-Iver, alberga miles de volúmenes. La Torre Entel, con sus 127 metros, sigue siendo un ícono de la silueta santiaguina. Y el cerro Santa Lucía, donde Pedro de Valdivia fundó Santiago, es hoy un parque urbano.

 

Es en este tejido donde está ocurriendo la transformación.

 

Para dimensionar lo que está ocurriendo, hay que retroceder al momento en que todo se vació. Entre el estallido de octubre de 2019 y la pandemia de covid-19 que siguió, Santiago Centro perdió buena parte de su actividad económica, el teletrabajo que siguió a la época de las cuarentenas sanitarias hizo el resto.

 

Simón Duch, uno de los tres socios y hermanos de Cassá Estudio, una de las primeras empresas de reconversión inmobiliaria que decidieron invertir en el centro, dice que partieron “en un momento especialmente difícil” para el centro. Hoy ve señales de cambio: “Ha crecido la valoración del patrimonio arquitectónico”.

 

Además, la recepción del entorno ha sido positiva. “Muchas veces los vecinos se acercan para agradecernos que recuperemos un edifico que llevaba tiempo deteriorado”, cuenta Duch. Y agrega un detalle: “Después de restaurar y pintar algunas fachadas, prácticamente no han vuelto a ser rayadas”.

 

Alexander Neira vive cerca del Parque San Borja, en el borde oriente del centro, a pasos del GAM y del barrio Lastarria. Recuera que el sector “estuvo muy mal: no había servicios, se fueron todos, no había locales, no había comercio”. Pero en los últimos tres o cuatro años el cambio ha sido notable: “El parque ha tenido mejoras e infraestructura y seguridad. Lo que se ve es que todas las tardes hay personas paseando perros, gente joven utilizando ese espacio”. Alrededor de ese parque han empezado a aparecer nuevos locales de comida, restaurantes y cafeterías.

 

“Ahora se ve distinto”

 

Teresa Durán vende artesanías en el casco histórico como parte de una agrupación de comerciantes que trabajan con permisos municipales. Esta semana le tocó instalarse por la calle Nueva York. “Cuando la Bolsa era netamente de comercio, acá no pasaba nada”, recuerda y dice que “ahora ya está más turístico todo”. Describe el ambiente como “súper tranquilo, con harto turista”, aunque aclara que su principal cliente sigue siendo el oficinista: “El turista es medio apretado”, ríe.

 

A unas cuadras, por el paseo Ahumada, Jaime García lleva desde 2016 trabajando en una notaría, “Antes era más complicado caminar por acá después de cierta hora”, dice, pero “ahora se ve distinto, aunque sigue siendo peligroso de noche”.

 

Carolina García es colombiana  y visitó Chile en 2021, pero esa vez se quedó en Providencia y recorrió solo el sector oriente. Este años unos amigos argentinos le recomendaron visitar el centro, especialmente el barrio París-Londres. “Lo encuentro muy bohemio, muy interesante, tiene una arquitectura muy bella y bien cuidada”, cuenta.

 

Un evento ya frecuente en el barrio es su mercado, el cual concentra restaurantes, bares, cafés y coctelerías en edificios históricos. Inspirado en el Mercado de San Telmo de Buenos Aires funciona el primer fin de semana de cada mes, con apoyo del Gobierno Regional y la Municipalidad de Santiago.

 

“Nace a raíz de una conversación donde dijimos: ¿por qué no hacemos un San Telmo?”, explica Isidora Otero, directora ejecutiva del Centro Cultural Espacio Londres y del Mercado París-Londres. Otero se sumó hace unos años a los socios Matías Novoa y Raimundo Aburto, que son locatarios del bar Londres 45. “Llegamos en un momento en que el barrio estaba un poco olvidado, un poco dañado después del estallido social y la pandemia”, recuerda.

 

El cambio ha sido visible. “Ahora hay tres cafés nuevos, una Heladería Moritz, hay un hotel nuevo que figura como Airbnb que recuperó un edificio completo, una galería de arte. Se pintaron todas las fachadas y hay mayor seguridad”, enumera Otero.

 

Un edificio con huella de carbono negativa

 

A pocas cuadras, en Santa Rosa 76, hay un edificio construido en 1965 que fue durante décadas la sede de Endesa y luego de Enel. En octubre de 2019, sus escaleras exteriores ardieron durante el estallido y se convirtió en símbolo del deterioro. Enel se fue a Las Condes el edificio quedó vacío.

 

Hoy, esa misma torre es NIDO Lucía, un proyecto de cerca de US$ 160 millones de Territoria, desarrollador de espacios urbanos, que ocupa una manzana completa –delimitada por Santa Rosa, Marcoleta, San Isidro y Alonso de Ovalle- y que mezcla oficinas de innovación, laboratorios, gastronomía, comercio y espacio público. La primera etapa ya está operando. La segunda, que incluye un mercado y un edificio de madera con huella de carbono negativa tiene una apertura prevista para 2029.

 

“NIDO nace desde una pregunta fundamental: qué necesita un ecosistema de creación con foco en ciencia y tecnología”, explica Ignacio Salazar, gerente general de Territoria.

 

Hay otros espacios que eran corporativos y cuyos ocupantes, como ocurrió con la eléctrica, migraron al sector oriente de la ciudad “buscando seguridad”. Hoy, están ahí “principalmente organismos públicos”, explica Reinaldo Gleisner, vicepresidente de Colliers, “Es un reemplazo dentro del mismo centro: instituciones que ya están en la zona y cambian oficinas clase B o C por clase A, aprovechando rentas todavía bajo los niveles previos al estallido”, agrega.

 

Pero ahí mismo, donde el mercado de oficinas vio una crisis, un grupo de inversionistas observó una oportunidad y la respuesta fue transformar esos metros cuadrados vacíos en viviendas.

 

“A la fecha, nuestro portafolio supera los 200 departamentos distribuidos en seis proyectos”, detalla Simón Duch. “Ya terminamos tres edificios, que suman más de 70 departamentos y ocho locales comerciales, y actualmente estamos remodelando otros tres, que incorporarán cerca de 130 departamentos", dice.

 

Gleisner identifica unos cuantos casos en el corredor de La Moneda-Santa Lucía-Plaza de Armas: el edificio Victoria en Huérfanos con San Antonio que tendrá más de 100 departamentos; Miraflores 590, con 50 departamentos; el ex hotel –Tupahue, que fue aprobado para uso residencial/turístico; y los proyectos de Cassá Estudio y NIDO Lucía.

 

Pese al entusiasmo, la consolidación turística del centro de Santiago depende de algo más que la iniciativa privada, sostiene el ejecutivo y apunta a un diseño de políticas públicas de “reconversión proactivas” y plantea que “sin incentivos normativos que viabilicen la transformación técnica de ionmuiebles y flexibilicen la rigidez patrimonial, el componente turístico avanzará de forma acotada”.

 

Es que el centro de Santiago está cruzado por capas superpuestas de regulación patrimonial y urbanística que los proyectos de cambio de destino deben sortear y es, según Gleisner, lo que está frenando el desarrollo de más proyectos.

 

Salazar es más optimista y dice que “tenemos la convicción de que el centro de Santiago tiene todo para volver a ser el gran lugar de encuentro de la ciudad, ycfreemos que es algo que ya está ocurriendo”. La estación de metro Santa Lucía, que será combinación con la futura Línea 9, refuerza esa apuesta.

 

“Más ojos en la calle”

 

Hay un último “pendiente” en el que coinciden varios de los entrevistados,  expertos, vecinos y visitantes: la seguridad.

 

“Hoy, en el centro de Santiago, después de las 6, 7 de la noche, lamentablemente impera más bien la ley de la selva”, dice el urbanista Nazar. “Si quieres llevar una vida urbana residencial, vas a querer habitar las veredas y los paseos en horario después del trbajo, y ahí el municipio y los aparatos de seguridad tienen que seguir trabajando”, asegura.

 

Pero también ve en la propia reconversión una herramienta. Citando a Jane Jacobs y su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades”, recuerda que “una de las maneras para hacer que la ciudad sea más segura es proveyendo de más ojos en la calle, de vida en la ciudad. Y justamente la residencia podría colaborar de manera indirect en estos fines”. (Judith Herrera C.)

 

 

 

 

 

 





 
 
 

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