Mateo Salvatto, emprendedor de 27 años: “En 48 horas se construyen casas de hormigón de 120 m²”
- Alexander Chest

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El cofundador de Grondplek defiende la impresión 3D de hormigón como una vía para reducir plazos, costes y residuos en la construcción.
Fuente: Diario AS/ MeriStation
Fecha: 27.05.2026

Internacional. Cuando Mateo Salvatto afirma que una casa de hormigón de 120 metros cuadrados puede levantarse en 48 horas, la frase parece salir de una feria tecnológica antes que de una obra. La clave, sin embargo, no está en imaginar una vivienda completa lista para entrar a vivir en dos días, sino en entender qué parte del proceso cambia realmente la impresión 3D aplicada al hormigón.
Salvatto, cofundador de Grondplek, ha explicado al diario La Nación que una vivienda de 120 m² puede tener la obra gris lista en 48 horas gracias a una impresora 3D de gran formato. El matiz es importante porque la máquina no entrega una casa terminada con instalaciones, carpintería, pintura, cocina y baños funcionando. Lo que imprime es la estructura de hormigón, es decir, muros, paredes, escaleras, canteros o incluso mesadas. Después llegan las terminaciones, los detalles finales y todo aquello que convierte un volumen construido en un hogar habitable.

Cómo funciona la impresión 3D de hormigón
El sistema de Grondplek utiliza una máquina de grandes dimensiones, de aproximadamente 11 metros por 11 metros y 7 metros de alto, capaz de imprimir con una mezcla de cemento y aditivos. La operación se apoya en una planta mezcladora compacta, una bomba y una manguera especial que alimenta el cabezal de impresión. A partir de ahí, el material se deposita capa por capa, con cortes entre capas para permitir el fragüe y mantener la estabilidad del conjunto.
La imagen es casi inversa a la obra tradicional. En lugar de levantar encofrados, rellenar, esperar, retirar moldes y corregir imperfecciones, el sistema busca colocar sólo el material necesario allí donde el diseño lo requiere. Según Salvatto, ese control permite reducir desperdicios y acelerar una fase crítica de la construcción. La empresa sostiene que sus viviendas pueden incorporar doble pared con cámara de aire, una solución pensada para mejorar el aislamiento térmico y acústico, y también defiende que las estructuras resultantes pueden ser antisísmicas.
El emprendedor resume la promesa con una idea contundente: una casa terminada en una semana y con una posible rebaja de hasta el 30% respecto al coste de mercado. La cifra, como siempre en construcción, depende del terreno, del proyecto, de la escala, de las terminaciones y de las condiciones de cada obra. Pero el interés de la propuesta no está sólo en abaratar una vivienda concreta, sino en automatizar una parte pesada, lenta y repetitiva del proceso.

Una tecnología que no elimina al trabajador
Salvatto insiste en que la impresión 3D de hormigón no busca reemplazar a los trabajadores, sino desplazar parte de su labor hacia tareas de operación, supervisión y terminación. La máquina puede reducir esfuerzos físicos duros y repetitivos, pero necesita planificación, control humano, técnicos que ajusten la mezcla y operarios que completen todo lo que queda fuera del hormigón impreso. La casa del futuro, al menos en esta fase, no se imprime sola.
Grondplek nació de una búsqueda que llevó a Salvatto y sus socios a Europa, donde encontraron en la danesa COBOD la tecnología que querían traer a Argentina. La compañía se presenta como distribuidora y operadora de impresión 3D de hormigón en Argentina, Uruguay y Paraguay, y ha vinculado su desembarco a una alianza con Techint Ingeniería y Construcción, uno de los nombres relevantes de la ingeniería civil en la región. La primera aplicación, de hecho, no se limita a viviendas: también apunta a piezas industriales, muros, cámaras, drenajes, elementos de infraestructura y soluciones para obras de mayor escala.
La impresión 3D de hormigón no debe leerse únicamente como una forma llamativa de vender casas rápidas, sino como una herramienta industrial que puede cambiar la logística de la obra. Salvatto la define como una “fábrica de premoldeados portátil”, una máquina que puede trasladarse, nivelarse sobre el terreno y empezar a producir de una forma mucho más ágil que la tradicional.
La promesa todavía necesita escala, regulación, costes reales comparables y proyectos terminados que demuestren su rendimiento más allá del impacto inicial. Pero la dirección es clara: la construcción, uno de los sectores más resistentes al cambio, empieza a mirar hacia el futuro. En una industria donde el tiempo casi siempre se pierde antes de ganarse, imprimir la obra gris de una casa en 48 horas y tenerla lista en una semana sería una auténtica revolución. (Francisco Alberto Serrano Acosta)



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