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Tres de cada cuatro hogares analizados tras desalojos de campamentos se trasladan a condiciones de precariedad habitacional

Foto del escritor: Alexander Chest
Alexander Chest
hace 2 días
4 min de lectura

Un estudio que analizó las trayectorias de 30 hogares desalojados en cinco campamentos de la Región Metropolitana muestra que la salida de estos asentamientos no necesariamente se traduce en una solución habitacional estable. Los grupos familiares registraron cambios de vivienda, desplazamientos entre comunas y, en algunos casos, separación de sus integrantes.





Fuente: Diario Inmobiliario

Fecha: 07.09.2026






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El desalojo de un campamento no siempre significa el término de la precariedad habitacional. Así lo muestra una investigación cualitativa que siguió las trayectorias de 30 hogares que fueron desalojados de cinco campamentos de la Región Metropolitana entre 2024 y 2025.


El estudio, basado en 30 entrevistas realizadas a 35 personas entre junio y septiembre de 2025, consideró los campamentos 21 de Mayo, en Colina; 17 de Mayo, en Cerro Navia; Mauricio Fredes, en Quilicura; Luna Bella, en Pudahuel; y 18 de Octubre, en Huechuraba. En conjunto, estos asentamientos involucraban a más de 400 familias.


Uno de los principales resultados es que tres de cada cuatro hogares analizados volvieron a residir en condiciones de informalidad o déficit habitacional después del desalojo, ya fuera en otro campamento, como allegados o mediante arriendos sin contrato. El campamento aparece como uno de los destinos más recurrentes luego de la salida.


La investigación también muestra que la precariedad no comenzó necesariamente con la llegada al campamento. Antes de instalarse allí, los hogares ya enfrentaban dificultades para sostener arriendos, situaciones de allegamiento, pérdida de empleo, reducción de ingresos o debilitamiento de sus redes familiares. Para varios de ellos, el campamento representó una alternativa frente a esas condiciones


Durante su permanencia, además, algunas familias alcanzaron mayores niveles de independencia respecto de sus situaciones anteriores. La autoconstrucción permitió levantar viviendas que fueron habitadas durante años, mientras que la ausencia de un pago mensual de arriendo alivió parte de las cargas económicas.


Más de un traslado después del desalojo


La salida del campamento abrió una nueva etapa marcada por la movilidad residencial. De los 30 hogares estudiados, 14 registraron dos o más trayectorias habitacionales después del desalojo. En términos generales, las familias realizaron entre uno y cinco desplazamientos y registraron, en promedio, dos paraderos distintos hasta el momento de las entrevistas


El tiempo entre movimientos también da cuenta de esa inestabilidad. Considerando el conjunto de hogares, el cambio de vivienda se produjo, en promedio, cada 16 meses. Sin embargo, entre quienes tuvieron dos o más trayectorias posteriores al desalojo, el período promedio entre un desplazamiento y otro fue de nueve meses.


La localización también tuvo un papel relevante. Inmediatamente después del desalojo, 17 de los 30 hogares permanecieron en la misma comuna, mientras 13 se trasladaron a otra. De estos últimos, nueve llegaron a comunas aledañas y cuatro se desplazaron hacia otros sectores. En sus trayectorias posteriores, 15 hogares volvieron a movilizarse.


Según el estudio, la mayoría buscó permanecer en la comuna donde estaba el campamento o en sectores cercanos. Las razones estuvieron relacionadas con las redes familiares y comunitarias, además del acceso a servicios, educación y fuentes laborales


La tenencia de las viviendas también experimentó cambios. Inmediatamente después del desalojo, 11 hogares permanecieron en campamentos, cinco pasaron a arriendos sin contrato, cuatro accedieron a arriendos formales, otros cinco quedaron como allegados y dos utilizaron viviendas prestadas. Además, un hogar pasó temporalmente por un albergue y dos quedaron en situación de calle


Cambios en la composición de las familias


El desplazamiento también afectó la composición de los hogares. Antes de llegar al campamento, el promedio era de 3,5 personas por hogar; durante la permanencia en el asentamiento aumentó a 3,8. Después del desalojo, en 10 hogares aumentó el número de integrantes, mientras que en otros 10 disminuyó. Los cambios estuvieron asociados principalmente a reunificaciones familiares, allegamiento y separación de integrantes.


En algunos casos, la falta de una vivienda adecuada llevó a que los hijos fueran enviados temporalmente a vivir con familiares mientras sus padres buscaban un nuevo lugar. El estudio también registra situaciones en que la reorganización habitacional produjo una separación del núcleo familiar


Otro elemento analizado fue el Gasto de Traslado Transitorio (GTT), mecanismo utilizado para apoyar a familias desalojadas mientras esperan una solución habitacional definitiva. De los hogares entrevistados, 10 recibieron este aporte. Sin embargo, solo cinco lograron arrendar una vivienda con contrato utilizando el beneficio, mientras los otros cinco no encontraron una alternativa en el corto plazo o no pudieron cubrir el costo del arriendo con el aporte y sus propios recursos.


De los 10 hogares que recibieron GTT, solo uno logró reunir simultáneamente tres condiciones: acceder al beneficio, mantener su núcleo familiar y permanecer en la comuna donde estaba ubicado el campamento. Al momento de la entrevista, además, ese hogar ya no recibía el aporte y debía gestionar el arriendo con sus propios medios.


El estudio identifica, finalmente, cuatro tipos de trayectorias posteriores al desalojo: formalidad frágil, estabilidad sin formalidad, persistencia del campamento y refugio en la red familiar. Estas categorías reflejan las distintas formas en que los hogares enfrentaron la búsqueda de una nueva residencia según su composición familiar, ingresos, redes de apoyo y posibilidades de acceso a una vivienda. (Tomás Rodríguez Botto)



 
 
 

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