El gran domo geodésico con los colores de Valdivia
- Alexander Chest
- hace 9 horas
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En el sur de Chile, un proyecto industrial está cambiando la conversación en torno a cómo resolver grandes obras más allá de la ingeniería, planteando la importancia de considerar el impacto visual y la relación entre diseño, paisaje y ciudad para su desarrollo.
Fuente: Capital
Fecha: .13.03.2026

Cuando Portuaria Corral anunció la construcción de un domo geodésico en la ciudad de Valdivia para cubrir la pila de astillas que se exportan principalmente a Japón y China, la primera característica que llamó la atención fue su escala: sería el más grande de América. Pero al interior del proyecto comenzó a instalarse otra pregunta, menos evidente y más compleja: ¿cómo se vería?
Una estructura de esa magnitud no queda confinada al perímetro industrial. Modifica el horizonte y pasa a formar parte del paisaje cotidiano. Por eso, antes de definir su diseño final, la empresa abrió un proceso voluntario de diálogo con actores locales, autoridades, gremios turísticos, académicos, dirigentes sociales y vecinos, donde el impacto visual apareció como una de las principales preocupaciones.
“Tradicionalmente, este tipo de estructuras se resuelve bajo criterios estrictamente técnicos: eficiencia, costos, durabilidad y normativa. Sin embargo, había una inquietud transversal respecto a la armonización visual. No queríamos imponer una infraestructura, sino integrarla al entorno”, explica el gerente general Diego Sprenger.
A partir de ese punto, el diseño dejó de ser una etapa posterior y pasó a incorporarse como un eje del proyecto. Para ello, se sumó al equipo la diseñadora Elisa Cordero Jahr, académica de la Escuela de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Austral de Chile y directora del proyecto “Los Ríos en Colores” (@colorrios), financiado por Fondart, que desarrolló la primera carta cromática con identidad regional en Chile.
El trabajo incluyó un levantamiento en las 12 comunas de la Región de Los Ríos, territorio con más de 140 ríos y 11 lagos, registrando colores atmosféricos, cielos, aguas, bosque lluvioso y tonos presentes en rocas, arenas, hojas y flores. “Desde el inicio, mi objetivo fue crear un diseño que respetara el paisaje y la identidad visual de la región”, señala Cordero. “No se trata de inventar colores, sino de reconocer los que ya están en el territorio”.
Para el domo se desarrollaron cinco propuestas cromáticas inspiradas en humedales, juncos, ríos y montes visibles en el horizonte. Las alternativas fueron presentadas en una jornada de votación, recogiendo observaciones y preferencias de distintos actores locales antes de definir el diseño final. “El rol del color aquí no es decorativo”, explica la diseñadora. “Permite que una estructura de gran escala dialogue con el entorno, en lugar de aparecer como un elemento ajeno”.
La decisión implicó también un trabajo técnico relevante: había que aplicar los tonos escogidos a una membrana de PVC de gran formato, lo cual exigió estudios de impresión, resistencia a radiación UV, comportamiento bajo lluvia constante y estabilidad cromática en el tiempo. “Tuvimos que asegurar que las propuestas fueran viables. No queríamos ofrecer algo imposible de materializar”, agrega Cordero.
Hoy el proyecto se encuentra en su etapa final de montaje, con las telas extendidas y preparadas para el proceso de inflado que se realizará en las próximas semanas, hito que marcará el momento en que la estructura adopte su forma definitiva y el diseño cromático pueda apreciarse en toda su escala.
El resultado convierte al domo en la primera infraestructura industrial de la región que adopta formalmente una carta cromática propia. Más allá de su tamaño, el proyecto introduce una variable poco habitual en este tipo de obras: considerar de manera voluntaria el impacto de una nueva infraestructura en el entorno de emplazamiento. “Fue muy significativo que una empresa industrial diera prioridad a la armonización visual”, afirma la diseñadora. “Ojalá más proyectos incorporen estos criterios desde el inicio”.
El proyecto abre una discusión mayor: que las grandes estructuras del futuro como puertos, centros logísticos o plantas productivas, asuman el diseño como parte constitutiva de su relación con la ciudad. En un contexto donde la sustentabilidad ya no se limita a lo ambiental, sino que incluye también dimensiones sociales y culturales, el color se suma a la conversación como una herramienta estratégica para construir pertenencia. (Katerina Kliwadenko)